Dignidad robada.

campo de refugiados

Es paciente, silente, predecible,

aunque la esperanza dé codazos

para apartarla.

Es pausada, pero sus raices se

adentran en lo más profundo

del alma.

Es sempiterna, se transmite

sin que la genética sepa nada.

Es incansable y sobrevive abonada

por los suspiros de un pecho

abandonado en la nada.

Hace caso omiso a las ilusiones,

las devora el hambre insaciable

del egoísmo humano.

Con sus garras araña el corazón

dejando un reguero seco de tristeza,

insuperable.

Viaja sin maletas ni billetes, oculta

entre las manos que secan

una lágrima.

Es reacia a la caridad, busca la

dignidad robada.

Cuando invade el lugar donde

habita el desconsuelo,

la pena mata.

Carmen Vigo Navarrete.

d.a.

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