Cuando sopla el levante

Cuadro de Laura Pérez

Sobre las azoteas, entre sábanas

y ropa difuminada, revolotean

las notas del pentagrama al son de

un viajero impenitente.

El sol se confunde, las nubes se

espantan y las atrevidas gaviotas

se retan en sus quites de cornisas

tempranas.

Claveles secos buscan entre paredes

blancas agarres de pasiones

olvidadas, y el espejismo de una

guitarra lejana estremece unas

enaguas que bailan.

Carmen Vigo Navarrete.

d.a.

 

 

 

 

Doma

mujer con las manos en la cabeza

Todo avanza lentamente y con muchas oscilaciones. Hemos necesitado siglos para llegar al actual servilismo y sumisión que algunos llaman desilusión. Hemos saciado la sed de libertad que teníamos con unos parches negros que favorecen que nos dispersemos. Los hechos más comunes y sinceros se han convertido en una farsa, en impotencia. Buscar la verdad es, simplemente, ridículo. Ni siquiera sabemos indignarnos, nos hemos limitado a recibir la condescendencia sobre el espinazo que inclinamos mientras rebuznamos. ¿Cuánto tiempo necesitaremos para volver a ser desobedientes? Dependerá de la intensidad de la doma y de la estudiada simplicidad con la que nos desayunamos a diario.

Carmen Vigo Navarrete.

d.a.

A pesar de todo

último camino

Se quedó pasmada al ver, sobresaltado, casi saltarín, al que era un cadáver una hora y media antes. Trató de calmar sus escrúpulos de conciencia al pensar que se había alegrado del óbito. Confió en sus dotes interpretativas, al igual que había disimulado anteriormente una pena inexistente. Lentamente se acercó a él, ya no reposaba en la caja, estaba sentado en una silla rodeado de todos los que habían ido a despedirle. Se quedó observando la escena un rato, a nadie le extrañaría su reacción, por lo que se tomó algo de tiempo hasta que se decidió a buscar la voz que no encontraba y exprimiendo los ojos, dejó caer unas lágrimas mientras le abrazaba.

Cumplió su función con extrema cautela, mientras él reía e intentaba narrarle lo sucedido, ella, con los ojos cerrados, sólo repetía, “dime que es verdad, dime que no es un sueño”, una y otra vez, incluso llegó a confundirse diciendo “dime que no es verdad, dime que es un sueño”, pero todos comprendían la emoción que en esos momentos le embargaba. Ni siquiera oía lo que él le decía, si lo hubiera hecho, habría comprendido antes lo ocurrido. La falsedad de sus gestos, se hacía, poco a poco, insoportable. A cada paso le costaba más disimular sus verdaderos sentimientos. Nadie ignoraba que no habían sido el matrimonio perfecto, pero tal y como son los humanos en momentos cumbres, lo disculpan todo diciendo que, en el fondo, le había querido, “y mucho”, alargaban algunos.

No dejaba de pensar en que ahora tendrían que volver a casa, los dos, de nuevo, y posiblemente tendría que aguantar las visitas interminables de familiares, amigos, conocidos, vecinos y toda una larga fila de dolientes felices y asombrados, no tanto como él, pensaba, mientras ella le seguía acariciando la cara. Apoyó la mano sobre el respaldar de una de las sillas, por un momento temió perder el equilibrio. Todos se volvieron inmediátamente hacia ella con un sinfín de consejos, “siéntate”, “ten cuidado”, “deberías tomarte un café”, “no se te ocurra fumar ahora”. El tanatorio parecía la plaza del pueblo en un día de feria, solo faltaba la música, bailar ya bailaban.

Por un momento se avergonzó de sí misma y comenzó a besarle, en la cara, en el pelo, en la frente, en las manos y, paulatinamente sintió como si se quedaran a solas, como si todos se marcharan. Intentó buscar a la gente con la mirada, pero no podía, le costaba mover la cabeza y el abrir y cerrar de sus ojos se convirtió en un acto imposible de llevar a cabo, por más que lo intentara. Él la tranquilizó al ver que empezaba a perder los nervios intentando moverse sin resultado. “Relájate”, oyó que le decía, “ya pasó”, debes empezar a acostumbrarte”. Entró, por última vez, en una especie de vaga consciencia llegando a preguntar qué estaba pasando.

Los ruidos cesaron y algo así como una respiración jadeante la devolvió a lo ocurrido. Estaba en su cama, su marido, sentado a su lado, le acariciaba una mano mientras que con la otra cambiaba los paños fríos de su frente. Era ella la que había estado al borde de la muerte, todo había sido el producto de un estado febril que casi la llevó a la tumba. A pesar de todo no se alegró de volver a verle.

Carmen Vigo Navarrete.

d.a.

Impunidad

Imagen de Pawel Kuczynsky.

impunidad, dos

A veces me invaden unos deseos enormes de gritar a los mil vientos que estoy harta, pero desgraciadamente me educaron muy bien, tan bien que termino resignándome. Es en esos momentos cuando me paro y pongo en duda si la buena educación tiene algo que ver con la conformidad, de alguna forma con la sumisión. Y ahí ando, sin llegar a comprender si el mundo está igual de bien educado que yo, o es, simplemente, que estamos adormecidos, si es que solo somos mansos. ¿Nos educan para aceptarlo todo, o es que todo nos da igual y no tenemos remedio?

¿De dónde nace la impunidad de los poderosos?, de nuestra no existencia, en el mismo momento en que no somos ninguna amenaza, se olvidan de nosotros, y con razón, ¿a quién le preocupa un león hambriento si está encerrado en cuatro jaulas y adormecido? Sabemos que podemos hacer lo que queramos, el león morirá de hambre y encarcelado. No olvidemos que la obediencia se convierte en rutina y de ahí a la sumisión e indiferencia, no hay más que un paso, muy pequeño. El león al principio gruñe, enseña sus fauces, hasta que se duerme porque ve que el sueño le reporta más que la protesta.

Ya ni siquiera la rebelión tiene efecto, se le pasa la mano por el lomo, se le pone un micrófono un día y se les da voz durante un minuto, a continuación no se vuelve a hablar más de ella. Dependiendo de si la tierra de los que se rebelan es pobre o rica, se les deja morir como al león, o se les calla para siempre a base de bombas impunes lanzadas por gobiernos impunes, juzgadas por organismos impunes y presentadas como necesarias ante las amenazas creadas por ellos mismos para sus propios fines.

Desde una primavera muy veraniega me contemplo sumisa y gruñendo, pero medio muerta, como el resto. Terminaremos de morirnos por falta de aire, por falta de justicia, por la desigualdad, por los derechos que un día dibujamos y hoy vemos que solo fueron un borrador con tinta invisible. Terminaremos de morirnos por exceso de impunidad, enfermedad mortal donde las haya, mata la esperanza, la ilusión, las ganas, la fe….. Terminaremos de morirnos porque nos hemos acostumbrado a no respirar. Terminaremos de morirnos porque ya estamos muertos.

Carmen Vigo Navarrete.

d.a.

 

Silencio

mar-de-cadiz (2)

En los lugares comunes

se encuentran voces

cotidianas, disfraces

de palidez humana.

Un instante más, un tiempo

nuevo, el estremecimiento

que recorre el largo camino

de la vida hasta convertirse

en un relámpago de soledad.

En el aire, la articulación

de un mundo sin palabras que

interpreta los silencios según

sus necesidades.

Carmen Vigo Navarrete.

d.a.

El rumbo

 

¿Cuándo ha llegado el momento de tomar una decisión?, ¿a qué hora exactamente?, ¿en qué lugar?, ¿bajo qué circunstancias?, ¿es mejor en verano, tumbado en la playa o las decisiones se cuecen mejor bajo la lluvia fresca del otoño? Dependerá del tamaño de esta, de su importancia, ¿verdad?, pero, ¿quién decide el grado?, ¿quién la mide? No es lo mismo querer cambiar tu vida radicalmente, que no saber qué película ver. Como no es lo mismo decidir si subir las escaleras y no tomar el ascensor o estar ante el dilema de si tomar una cerveza o un tinto de verano.

Efectivamente hay decisiones que pueden cambiar tu vida y la de los que te rodean y otras que no afectan a nadie, ni al que la toma, por mucho tiempo que le haya dedicado.

Estamos en un mundo que te exige tomar muchas decisiones y desde bien temprano. Tenemos mucha prisa, no podemos ni debemos dejar escapar ninguna opción y el abanico es enorme, como lo es el de las opciones para calmarnos. No nos damos tiempo para nada y a continuación tenemos que buscar un rato para optar si volvernos locos o relajarnos. Y, cuando intentas sustraerte de cualquiera de las decisiones, cuando buscas una esquina en la que resguardarte del chaparrón, te sientes como un cerdo por evadir, aunque solo sea por un rato, tus responsabilidades.

He roto una docena de páginas en las que intentaba explicar detalladamente que nos están robando la vida haciéndonos creer que no cumplimos bien con nuestras obligaciones, con las decisiones que tomamos. Nos bombardean con anuncios, palabras sueltas, frases hechas. “Es tu momento”, “no dejes escapar esta oportunidad”, “compra una casa”, “vende el coche”, “usa este perfume”, “vuelve a lo natural”, “toma un zumo a diario”, “no comas carnes”, “bebe cerveza”, “no fumes”, “vota”, “no votes, rebélate”, “vota en blanco”, “no a la guerra”, “construyamos armas, nos sacarán del paro”, “adelgaza”, “haz deporte”, “llegó tu hora, no la dejes escapar, compra esta depiladora”, “no dudes”, “no te ahogues”…….. respira de vez en cuando………..

Lo de las manipulaciones no son nada nuevo, pero en la era de las comunicaciones, se recrudecen y los esfuerzos por influenciarnos son cada día más refinados.

Uno de cada tres niños es España está en riesgo de pobreza y exclusión social. La infancia de nuestro país es el colectivo que más está sufriendo las consecuencias de la crisis económica y de los recortes en las ayudas sociales. España está por por debajo de la media de la OCDE en la lucha contra la pobreza monetaria, privación y falta de políticas de protección social eficaces. Se sitúa en el puesto 28 con 2,4 millones de niños y niñas viviendo en el umbral de la pobreza. Es el 30% de la población infantil, el triple que en Dinamarca o Islandia y el doble que en República Checa, Eslovenia o Alemania. España se sitúa en el furgón de cola, cayendo al puesto 36, en la promoción de empleo digno y crecimiento económico cuando nuestro país registra el peor resultado en términos comparativos por el alto número de jóvenes que ni estudian ni trabajan y por la elevada incidencia del paro en los hogares con hijos. Además, de los países miembros de la UE, España se encuentra en tercera posición en pobreza infantil, sólo por detrás de Rumanía y Bulgaria. Sin mencionar el efecto de esta pobreza en la educación. Estamos “formando” mano de obra muy barata para nuestros grandes empresarios.

No sé si seguiré luchando contra mi adicción al tabaco, ni tampoco tengo claro si saldré ahora a andar, se me ha hecho algo tarde y hace mucho calor, aunque creo que podré hacerlo por la sombra…….lo que sí tengo claro es a qué partido seguiré sin votar mientras viva.

Carmen Vigo Navarrete.

d.a.